Un grupo de rostros frescos y enérgicos empieza a atiborrar la avenida como preludio a la entrada de la muchacha en esa calurosa y concurrida calle. Diferentes matices, diferentes texturas pero en el fondo ahí estaba con esa falda escocesa que había sido protagonista de las más retorcidas fantasías de la mente de aquel hombre. Una chispa fosforescente deshizo cada uno de los bocetos de su mente y alertó a su cuerpo en torno a la silueta de la muchacha. No estaba lejos. Su mano derecha se aferró con mayor fuerza dentro de el bolsillo y sus piernas cruzaron la calle. Sincronizadamente su cuerpo y el de la muchacha se encuentran a medio paso en un ángulo de 90 grados, el hombre estira el brazo izquierdo y la coge sin miedo por el codo. Jala su delgado cuerpo hacía un callejón y desliza silenciosamente su mano derecha hacia afuera, revelando a lo que esta estaba aferrada: una Colt calibre 45, hermosa y destellante.
Pero ella no tenía miedo.

